El arte de arder

Suelo quemar todo aquello que intenta acercarse a mi, es un mecanismo de defensa que utilizo para sentirme seguro.

Duro lo inesperado cuando me doy cuenta que solo lo hago por no caer en lo mismo que he creado.

Atado a esto me doy cuenta que lo necesito cada vez más, ese sentimiento de ser amado, cuando claramente no responde a lo mismo que he estado escribiendo, soñando, pensando, y sintiendo.

Manteniendo mi vida sin el pasado al que yo me he negado, olvidado y rechazado, vuelvo al mecanismo al que he acudido para protegerme de todo el temor que ha envuelto mi caja de cuerpo mortal.

El final no llegará, llegará el día en que las llamas se consuman para que nunca más me protejan de lo que yo no soy capaz de afrontar.

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Material muerto a punto de revivir

Hace algunos meses estuve recopilando todo material que he estado escribiendo durante algunos años atrás.

Creo que este es mi secreto mejor guardado, en realidad solo pensaba en escribir, (supongo) para no sentirme solo, la idea surgió exactamente por lo mismo, ¿una idea loca? ¡Claro! Yo mismo reí de esto, al darme cuenta que la “idea loca” de la cual me había burlado estaba funcionando, de tal manera que empecé a ya no sentirme solo. Era mi salida a un mundo desconocido, al no conocerlo también tuve dudas, aún sabiendo esto decidí solo escribir y escribir.

Me di cuenta que lo que escribía tenía sentido, en realidad era mi historia, escribía dos veces por semana en las noches, las noches más maravillosas de mi vida, las noches restantes leía a Dostoyevski, Camus, Freud, Heiddeger y Sartre. Entre entender y leer dediqué mis frías noches a esto.

No tenía ninguna expectativa conforme a los pedazos de textos en en aquel tiempo estaba creando, lo único que sabía era que me transportaba a un mundo en donde yo podía existir, ¡y existir de que manera! Con el tiempo fui pensando que lo que me había generado tanta felicidad, (claramente era momentánea) ya no era más que simples palabras en distintas páginas de distintos cuadernos; me senté a pensar por un momento sobre lo que estaba pensando y mi necedad hizo empezar a darle forma como un rompecabezas de dos mil piezas.

A pesar de que dejaba un intervalo de unos tres meses sin escribir letra alguna, (más que las que tenía que escribir en mi trabajo) siempre estaba en mi pensamiento el poder alcanzar por lo menos empezar a darle vida a este material que tenía sumergido en la miseria como Rodión Raskólnikov, protagonista de mi novela favorita; “Crimen y Castigo”.

Aún sigo dando forma a este rompecabezas, a veces no le veo algún camino, pero cuando me sumergo de forma fantástica veo que si los tiene, caminos que van hacia un mismo destino, y todo esto me llena tanto de felicidad que casi olvido el motivo por el cual he estado escribiendo esto, los caminos de los cuales hablo acá no están exactamente llenos de luz, y me apasiona de tal manera que se alumbran con tan solo pensar en ellos.

Ha pasado mucho tiempo a mi parecer, para poder definitivamente decidir que esto si tiene un camino y empezar a construirlo, las piezas se van armando de tal manera que ahora no tengo otra opción que seguir dándole luz a los caminos que he creado, con dolor, lágrimas, tristeza y enojo.

Hace falta mucho por hacer, pero este es primer paso de lo que con el tiempo pasará a ser un libro o al menos eso espero, surgirán en el proceso muchos problemas, lo cual es normal, espero satisfactoriamente terminar el proyecto con la alegría que hoy escribo.